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Articulos > 12.04.07 "El Siglo XXI, el Siglo del Hombre".- Ramiro Fernández
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EL SIGLO XXI, EL SIGLO DEL HOMBRE
■ Antes, era incapaz de reconocer lo mucho que le “gustaba
gustar”; ahora, no sólo lo reconoce sino que, además, lo
interpreta como algo básico para triunfar en todas las facetas de la
vida
l hombre, por fin, empieza a conquistar el cuidado
de su propio look. Hasta hace no muchos años era la mujer –ya
fuese esposa, madre, amiga o novia- la que se ocupaba – y lo hacia con
agrado – de la imagen masculina en todos los sentidos: vestido, tipo de corte
de cabello, colonia o perfume ... Sin embargo, desde
hace una década y, sobre todo, desde que comenzara este nuevo siglo, ya
prefiere ser cada vez más dueño de su propia circunstancia
estética y psicoestética. Es cierto que todavía son muchos
los que no le dan demasiada importancia a esta cuestión, pero todo
indica que, a tenor de la evolución de los tiempos, la práctica
totalidad acabará preocupándose de su propio cuidado
físico.
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Ramiro Fernández Alonso
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Los jóvenes son los que, sin ninguna duda, han sabido empezar a
romper esta lanza, personas en principio triunfadoras que se han convertido
en los nuevos héroes del modernismo, en iconos de una masculinidad
sensible, diferente y metrosexual, que disfrutan provocando pasiones
psicoésteticas en cuerpos ajenos. Saben valorar las cosas
adecuadamente y disfrutar con las buenas. Y han demostrado hacerlo bien,
porque ahora ya son muchas las personas que, siendo más o menos
jóvenes, pretenden los mismos objetivos en la medida de sus
posibilidades.
Las pautas que marcaba los mitos del cine y de la música, con sus
imponentes y hermosos looks, están dejando el paso a otros de
protagonistas de otras disciplinas, entre las que sobresale de una manera
especial el mundo del deporte. Sí, los deportistas son los que mejor
han sabido transmitir que el hombre del siglo XXI es un buen navegante. Y
creo que sabe elegir un buen rumbo teniendo siempre muy claro que nunca hay
buen viento para quien no sabe a dónde va.
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Eso ha gustado tanto entre la masculinidad, que empieza a ser compartido
de forma masiva. Cada vez existe una mayor conciencia de que el estilo natural,
la elegancia innata, son un pellizco de una actitud bohemia y
romántica. Muchos, ya se esfuerzan por elegir las metas adecuadas;
saben distinguir lo importante de lo trivial, lo esencial de lo accesorio, lo
efímero de lo permanente, y eso es una excelente y buena aptitud
sentimental.
El hombre del siglo XXI, por lo general, es templado, sereno, perspicaz,
entusiasta y tiene presente, como dice el catedrático José
Antonio Marinas, “que unas veces hay que ser flexible y otras
rígido; unas tolerante y otras intolerante; unas rápido y otras
lento. Sabe que hay un tiempo para sembrar y otro para recoger; disfruta con
la música de Bethoveen y con los Beatles”. En definitiva, quiere
buscar antes el logro que el premio.
Antes, el hombre era incapaz de reconocer que le gustaba gustar; ahora, no
sólo lo reconoce sino que , además, lo
interpreta como algo básico para triunfar en todas las facetas de la
vida. Quien no se quiere ni se aprecia a sí mismo, difícilmente
es querido y apreciado por los demás. Y sabe mejor que nunca
–sobre todo los más jóvenes- que el romanticismo
también está en los detalles, en las cosas simples y
pequeñas que llenan una vida, al igual que tiene muy claro que no
dispone de tiempo para parar, porque intuye que en la vida, hasta que no se
consigue algo, no se conoce la naturaleza de lo que se tiene o de lo que se
ha perdido.
No me cabe la menor duda: el siglo XXI es el siglo del hombre, de ese
hombre que necesita más que nunca seguridad en sí mismo. Y
gustar. Gustar y gustar.
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